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domingo, 1 de abril de 2007

El país se está quedando sin patrimonio histórico y cultural

EDICION ESPECIAL DE DOMINGO EN EL DIARIO EL COMERCIO

NO ENCAJA. Los ladrones se llevaron ocho cuadros de la iglesia Señor de la Exaltación, en el Cusco. Los parroquianos han comprado imitaciones para llenar los espacios vacíos, pero muchos no encajan en los marcos originales. (Fotos: Ernesto Arias/ enviado especial)

Por Nelly Luna Amancio, enviada especial

El sueño puede ser un estado de vigilia interrumpida. Desde que lo eligieron como protector del patrimonio que guardan los viejos baúles de la iglesia Inmaculada Concepción, en la provincia cusqueña de Anta, el descanso nocturno de don Enrique Candia se interrumpe con el zarandeo de algún gato techero o el recorrer de una rata de campo. Le recuerdan cómo aquella madrugada de hace un par de años, dos extraños perforaron la puerta lateral del templo para llevarse la custodia de plata de casi un metro de alto y coronas bañadas en oro. Aquella vez, su frágil siesta se quebró: tocó las campanas tantas veces que toda la comunidad se despertó y frustró el asalto: se impidió lo que unos años antes no se pudo, cuando fueron sustraídos 11 lienzos de la escuela cusqueña.

Si el sueño es profundo y dilatado, puede ser también un cómplice cruel. También en Anta, en la parroquia Señor de la Exaltación, nadie escuchó el ruido que hicieron los delincuentes cuando taladraron un hueco en la puerta trasera del templo. (Debieron ser pequeños, delgados y contorsionistas para ingresar por ese agujero de 30 centímetros de ancho por otros 40 de alto). Eran las seis de la mañana y Paulina Galiano, la protectora, aún dormía.

"Debió haber sido domingo porque solo ese día alguien puede dormir hasta tan tarde", sugiere un poblador. Lo cierto es que ese día quienes asistieron a la misa mañanera hallaron las paredes vacías. Hicieron la denuncia, pero casi nadie pudo describir cuáles eran las pinturas que faltaban. Los cuadros no figuraban en el registro de la Iglesia ni en el del Instituto Nacional de Cultura (INC). La policía nunca logró recuperarlos.

Durante los últimos diez años, el 90% de los robos registrados por el INC corresponde a lienzos de la escuela cusqueña y objetos litúrgicos. Los asaltantes los sustraen de las iglesias más vulnerables, distribuidas principalmente en las provincias de Cusco, Puno, Arequipa, Huancavelica y Ayacucho, para luego venderlos a Estados Unidos o Europa por precios superiores a los 150.000 dólares. El registro del INC indica que desde 1976 han desaparecido 572 de estas pinturas; sin embargo, las cifras reales serían mucho mayores. Una evidencia: El arzobispado de Cusco inició hace poco un nuevo inventario de sus bienes, comparándolos con los que registró por última vez en 1983. Los resultados --que aún se están procesando-- son poco optimistas. Solo en la provincia de Anta --cuyos datos ya están listos-- se registró una pérdida de 104 obras, entre lienzos, esculturas y objetos litúrgicos. El documento del INC anotó menos de 20.

"Nos estamos quedando sin patrimonio. Sabemos que gran parte de nuestro patrimonio se va afuera", reconoce la arquitecta Liliana Saldívar, jefa de la Oficina Técnica de Proyectos del Arzobispado del Cusco. Su pesar puede extenderse a todo el país. Las tímidas cifras del INC señalan que entre 1976 y lo que va del año se ha sustraído un total de 1.276 piezas arqueológicas, históricas o artísticas de museos y templos. Pero sin duda, los robos son mucho mayores. Monseñor Federico Richter, presidente de la Comisión de bienes culturales de la Conferencia Episcopal Peruana, estima que cada año la Iglesia reporta el robo de unas 50 piezas.

MUSEOS ACECHADOS
Las ciudades del Cusco y Huamanga (separadas por Apurímac) están unidas por una esquiva --por ratos neblinosa-- carretera de piedras sueltas y curvas que se pasan con respeto (y angustia). Quince horas después de los constantes rebotes de la camioneta sobre un paisaje a veces bucólico, a veces agreste, nunca indiferente, y superar el incidente de una llanta baja arreglada por un mecánico sordo, se llega a Huamanga, en Ayacucho, la cuna del imperio Wari. La soledad peina cada espacio de este sitio arqueológico, en cuyo museo de sitio no hay piezas enteras, solo retazos de cerámicas pegadas a la fuerza. Tampoco hay turistas en el recinto arqueológico. Salvo Semana Santa, este lugar no recibe más de diez visitas diarias.

El ganado se alimenta sobre los arbustos crecidos encima de los vestigios arqueológicos. En una pared del templo mayor algún majadero ha garabateado su nombre. No hay vigilantes, tampoco evidencias de exploración arqueológica. Más tarde, la directora del INC Ayacucho, Marta Gómez de la Torre, nos dirá que no hay investigaciones recientes en la zona, que apenas el 10% de todo el terreno ha sido explorado, que no hay presupuesto para más. Wari retrata el trauma de nuestro patrimonio cultural: solo el 40% de los casi 100.000 restos arqueológicos está registrado en el INC.

La falta de vigilancia se multiplica en la mayoría de los 277 museos del país. Del Museo Regional Hipólito Unanue, también en Ayacucho, se robaron a fines del año pasado dos esculturas en turquesa de la cultura Wari. Los ladrones ingresaron como visitantes y forzaron el candado de la vitrina que los protegía. En el Museo Cáceres, los ladrones se llevaron el año pasado quince lienzos y un marco en pan de oro. Dejaron el lienzo, el mismo que ahora los militares --administradores del museo-- lo han aferrado a la pared con unos prácticos chinches.

Sin ir muy lejos, hace solo unas semanas se robaron la primera bandera del Perú del Museo Monumental de Huaura. Si no fuera por la llamada de un anticuario miraflorino al que le ofrecieron la pieza, quizá nunca se la hubiera recuperado. ¿Cuánto se invierte en la vigilancia? La directora del INC, Cecilia Bákula, sostiene que la institución que preside no es responsable de la marcha económica de todos los museos. "Lo que importa no es cuánto se dispone, sino cómo se trata de ser eficientes con los recursos", dice, luego de aclarar que nunca "habría dinero suficiente para rescatar o poner en valor todo nuestro patrimonio".

El presupuesto anual del INC asciende a 11'963.000 soles, el 13% de este monto se destina a gastos corrientes y alrededor de nueve millones a gastos de inversión. Bákula sostiene que cada museo debe gestionar el apoyo de la inversión privada. Recuerda cómo la construcción del museo de Sipán recibió el apoyo del Fondo Contravalor Suizo.

MAFIAS DEL SUR
Una semana después de que los ladrones se llevaran el frontal de plata del altar de la iglesia de Belén, la ciudad del Cusco recibió una severa granizada. Los habitantes del barrio de Santiago creyeron que fue un castigo. Tal vez era un anuncio.

Estos robos suceden uno tras otro. Los actos se producen en las mismas zonas, se utilizan modalidades similares y las rutas de escape, en un 70% de los casos --según la policía--, tienen como dirección Bolivia. Una semana después de la granizada, asaltaron la iglesia de Santa Ana, en Espinar. Días más tarde, hicieron lo mismo en la catedral de Ayacucho.

La frontera con Bolivia es la más vulnerable. Solo así se explica cómo un altar de una tonelada como el que fue sustraído de Challapampa, en Puno, haya podido ser robado de una iglesia y aparecido luego en el país vecino. La policía advierte la existencia de una mafia que opera al sur del país, entre Ayacucho, Arequipa, Cusco y Puno.

El general Walter Rivera, director de la Policía Fiscal, sostiene que estas mafias utilizan caminos carrozables que no son vigilados. Solo el año pasado fueron capturados los integrantes de seis bandas delictivas que ejecutaban estos robos a pedido. El mayor inconveniente es "la ausencia de un inventario actualizado de todos nuestros bienes culturales", dice el general, quien además precisa que sin un registro fotográfico ni descriptivo del bien robado, las posibilidades de hallarlo se hacen imposibles. "El registro de los bienes significa contar cuántos granos de arena se encuentran en las playas", dice Bákula, y anuncia que el INC ha lanzado el sistema nacional de registro. Luis Repetto, el representante de ICOM en el Perú, sostiene además que también se debe proteger los puertos. "Hay representantes del INC en el aeropuerto, pero no en los puertos".

Las mafias han dejado el vacío colgado en las paredes de templos como el de Yaurisque, en Paruro, donde el párroco, un hombre pequeño de dientes saltones llamado Santos Sotalero, le roba tiempo al sueño nocturno para vigilar su iglesia en noches sin luz. Para que ya no le roben más. Para que de ahora en adelante las paredes vacías no sean lo primero que enseñe a sus visitantes. Estas mafias también han despojado de la memoria de los habitantes de Coporaque, el pequeño distrito enclavado en las más frías alturas de Espinar, otra docena de lienzos cusqueños. De aquel recuerdo hoy solo quedan colgados los marcos huecos --vacíos-- en pan de oro. La mujer que custodia el templo, Flora Valdez, aún recuerda la primera vez que intentaron robar el templo. Tenía entre ocho y nueve años. Los perros ladraron. Su sueño de niña se quebró con el ruido. Fue un robo frustrado. Dice que despertó a sus padres, que los bienes se salvaron. Pero eso fue hace 25 años.

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MAÑANA
Estructura de Museo Chavín de Huántar a punto de colapsar EN: http://www.elcomercioperu.com.pe


1 comentario:

Arturo Gómez dijo...

Interesante blog, gracias por enlazar el mío. Los visitaré siempre. Arturo.