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domingo, 11 de enero de 2009

Historias de quinta




ARTICULO PUBLICADO EN LAREPUBLICA.COM.PE

Poco se ha hecho en los últimos años para recuperar los solares antiguos y edificios monumentales del Centro Histórico. Y mientras las autoridades ignoran el problema, algunos vecinos se organizan y tratan de mejorar el lugar donde viven. Esa es la situación del centro de Lima a puertas del 474 aniversario de su fundación.

Por Raúl Mendoza
Fotos: Franz Krajnik

Uno ingresa a esta casona colonial y de inmediato se encuentra cara a cara con un patio bordeado de columnas y arcos que dejan a la vista su alma de ladrillo. Este inmueble, conocido como la Casa de las Columnas, alguna vez perteneció a la vecina Iglesia de Santo Domingo, pero hoy lo ocupan sesenta familias que le han quitado en parte su valor monumental. En este lugar se sintetizan los principales problemas del Centro Histórico: la tugurización de la vivienda y la decadencia del patrimonio arquitectónico.

Considerada monumento nacional, la Casa de las Columnas ha sido postergada por los últimos alcaldes. Hasta hace un tiempo, por ejemplo, en el pasadizo principal había unas vigas apuntalando el techo para que no se caiga. Fueron los propios ocupantes quienes, apelando a donaciones extranjeras, reforzaron la parte superior y arreglaron las escaleras. “Si no lo hacemos nosotros, no lo hace nadie”, dice Teresa Reyes, vecina del segundo patio. Hoy la entrada luce sin puntales y el tránsito es fluido.

Fuimos allá está semana. Alguna gente joven del lugar ‘hacía hora’ en la entrada, los chiquillos jugaban en el patio y otros aprovechaban la tarde en los caños comunes para lavar la ropa. Aunque el tiempo ha puesto en jaque algunas zonas del inmueble, todavía es un edificio rescatable. Lo mismo dice la arquitecta Silvia de los Ríos, del Centro de Investigación, Documentación y Asesoría Poblacional (Cidap): “Toda la parte delantera, la histórica, se debe restaurar y atrás se pueden construir viviendas nuevas”.

Hay otro proyecto para la Casa de las Columnas: la Sociedad de Beneficencia, dueña del lugar, firmará un convenio con la World Monuments Fund, con los ocupantes y otras instituciones, para restaurar las molduras de arcos y columnas coloniales, acaso lo más valioso del lugar. Ante la desidia de las autoridades, la gente se organiza por su cuenta. Desde 1972 este predio es Monumento Nacional, pero ninguna autoridad se preocupa por mantener su valor. El actual alcalde, Luis Castañeda, tampoco.

En general la suerte de las antiguas quintas y callejones del Centro Histórico es triste. Hace unos días se cayó en la calle Presa, en el Rímac, una casona de más de 100 años de antigüedad porque ya no pudo con las filtraciones que corroían sus bases. Tres datos no dan una idea del problema: Hay unas 60 mil viviendas tugurizadas en el Centro Histórico y 200 mil personas viviendo en ellas, según Cidap. Y hay también unos 17 mil 500 inmuebles en alto riesgo de colapso, según Indeci.

El “Chaparral”

También existen otras experiencias que demuestran que la organización de los vecinos consigue logros por su cuenta. Es el caso de El Chaparral, ubicado en el 101 del jirón Angaraes, en el Cercado. Este terreno que ahora alberga a treintaicinco casas construidas con material noble, alguna vez fue un corralón donde se levantaban tugurizadas casas de adobe. Un incendio en 1986 se llevó su historia para siempre. Los vecinos lo perdieron todo, pero no la esperanza. Convencieron al propietario de que les vendiera el terreno y tras juntar el dinero, con mucho esfuerzo, se convirtieron en orgullosos propietarios.

Hoy cada quien es dueño de 91 metros cuadrados y han edificado sus casas apoyados en laAsociación “San Martín de Monserrate”. El camino no ha sido fácil. Además de organizar actividades ‘pro-bolsillo’ y juntar hasta el último centavo, tuvieron que lidiar con los trámites burocráticos: la habilitación urbana, las solicitudes para tener agua y desagüe, los pagos por distintos rubros. Y mientras juntaban para la construcción –que era otro gasto– hasta tuvieron que pelearse con un grupo de ocupantes precarios que no querían irse.

Así han logrado levantar un conjunto habitacional que ya no es un tugurio. Pero desde hace unos meses enfrentan un nuevo problema: la Municipalidad de Lima, que no apoyó en nada para la recuperación del lugar, les ha puesto tremendas multas por edificar sin permiso. La señora Fedy Pariona, presidenta de la asociación, dice que a ella le quieren cobrar 1,500 soles por su casa de un piso, y a su vecino Rafael Gómez, jubilado, 7 mil soles por levantar “sin permiso” su vivienda de tres pisos.

“No podemos pagar. Nosotros estuvimos bajo un régimen especial. Íbamos a construir primero y regularizar después. Pero ahora no nos dejan. Tampoco nos avisaron cuando hace unos años se decretó una amnistía de licencia de construcción. Ahora han venido hasta aquí y han dicho que si no pagamos las multas van a hacer cobranzas coactivas o incluso derribar la construcción. Nosotros mejoramos este lugar sin ayuda. ¿La Municipalidad de Lima está contra los pobladores de su distrito?”, se pregunta doña Fedy.

Lo que fue “El Chaparral” hoy es un ejemplo de orden en un barrio movido como Monserrate. Es una de las pocas experiencias exitosas en el Centro Histórico de cómo la organización vecinal puede lograr una vivienda digna. Hace un tiempo el arquitecto Juan Gunther señaló sobre este tema que lo único importante que se ha hecho en Lima es la reubicación de ambulantes, porque “el tráfico y los tugurios siguen igual de malos”.

Triste realidad

Uno de esos edificios, tradicionales, icónicos, con mucha historia entre sus muros y lamentablemente abandonado, es el llamado Callejón o Solar del Buque, que se levanta con sus tres pisos de quincha y barro en la cuadra 9 de jirón Junín, en el corazón de Barrios Altos. A pesar de su fama y de ser el único edificio de su tipo en América Latina, está cayéndose de a pocos. De las 65 viviendas que tuvo, hoy apenas una decena están ocupadas y el resto viene de vez en cuando a los dos primeros pisos, a cuidar lo suyo.

Aquí todos los ocupantes son propietarios. Es el caso de don Miguel Piélago, que llegó aquí hace más de 40 años y se resiste a irse aunque la Municipalidad de Lima le ha dicho que se trata de una quinta ruinosa. “La ONG Cidap trabajó con nosotros y ha elaborado un plan de recuperación, pero ni la municipalidad ni el ministerio de Vivienda lo han tomado en cuenta”, dice don Miguel. También dice, mientras recorre la finca con nosotros, que el primer y segundo piso están bien y que el problema es el tercero.

El inmueble, que en verdad semeja un buque –naufragado– en tierra firme, se edificó en el siglo XIX, es uno de lo más emblemáticos de Barrios Altos y ha perdido gran parte de los materiales en todos sus pisos. El tiempo y los ‘achorados’ del barrio hicieron su trabajo. Carlos Quiquia, que vive en una esquina del fantasmal tercer piso, nos contó que por lo menos hasta la década del 70 el edificio estaba presentable. “Después los fumones se llevaron las barandas del balcón, las vigas de los techos, la madera de las ventanas”.

En el interior muchas de las escaleras están a punto de colapsar. Comentamos a los ocupantes si no es mejor echarlo abajo para construir otro edificio en su lugar. “Ni pensarlo”, dice Efraín Oquendo, sastre del lugar. Él tiene su tienda en la parte delantera y nos muestra sus títulos de propiedad. Cuenta también que por ser patrimonio histórico nunca les dejaron hacer modificaciones y dejaron que se fuera cayendo solo.

¿Es posible recuperarlo? “Sí, pero se requiere de la voluntad de las autoridades y de inversión. Y si ese edificio puede ser recuperado, se puede hacer lo mismo con otros ”, dice la arquitecta Silvia de los Ríos.

La Municipalidad de Lima solo ha recuperado el conjunto del jirón Ancash, frente a la Iglesia de San Francisco, y hará lo propio con el Teatro Municipal. ¿Por qué el Centro Histórico de Lima no puede ser recuperado como Quito o Cartagena de Indias? Solo en el centro hay 1000 edificios de valor monumental que están en peligro. No esperemos a lamentarnos sobre el adobe caído.

Monumentos olvidados

Lima, como dice el vals, va a estar de fiesta y se va a vestir de gala en unos días, pero harían bien sus autoridades en recordar que hay edificios monumentales que constituyen la esencia de la identidad limeña y que hoy se están viniendo abajo. Para muestra apenas unos botones de lo que puede –y debería– recuperarse:

Quinta Rincón del Prado. Erigida en 1762 por el Virrey Amat y ubicada a la espalda del Convento del Prado, en Barrios Altos. Fue la casa que el funcionario español le regaló a su amante Micaela Villegas “La Perricholi”. Aún está en pie, con algunas pinturas murales y restos del esplendor pasado. Es monumento nacional desde 1972.

Las casas de Felipe Pinglo y de Lucha Reyes. Dos de los más grandes exponentes de la canción criolla nacieron en Barrios Altos. Pinglo vivió en lo que es la actual cuadra 14 de jirón Junín y su casa, hoy ruinosa, ni siquiera es considerada monumento. A unas cuadras de allí, en la cuadra 9 de jirón Áncash, está la casa de Lucha Reyes, declarada monumento nacional desde 1972, pero olvidada.

La Casa de Ricardo Palma. Ubicada en la cuadra 3 del jirón Ayacucho, a media cuadra del Congreso. Lastimosamente se ha perdido la edificación, pero aún pueden conservarse la fachada y el balcón. Del interior ya no queda nada.

Los cuatro personajes que hemos mencionado aquí son parte importante de la historia de Lima y sin embargo, a contracorriente de lo que ocurre en otras ciudades, aquí no se ha hecho nada por preservar los lugares en que vivieron. “En otras ciudades, casas de este tipo forman parte de los circuitos turísticos”, dice la arquitecta Silvia de los Ríos, de Cidap.

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